Posición: Latitud 37º 21´N Longitud 9º 58´E
Millas recorridas de las 00:00 hasta las 00:00: 146
Total millas recorridas desde el inicio de la travesía (Sevilla): 858
Meteorología: Viento E-SE de fuerza 4 (37 kilómetros por hora) y mar moderado de la misma dirección, con volar de un metro.
Previsión meteorológica para las próximas 24 horas: Viento E-SE fuerza 4-5 (hasta 46 kilómetros por hora) y mar similar.
Puerto de destino: Malta
Distancia al puerto de destino: 300 millas
Velocidad media: 6 nudos (11 kilómetros por hora)
Incidencias: Por la mañana de ayer, al aproximarnos a la costa de Argelia, la cobertura de móvil surgió y se pudieron ver a varios tripulantes hablando por teléfono con sus seres queridos. Continúan los trabajos de pintura y puesta a punto de las maderas de la cubierta. A la tarde, en el comedor, varios compañeros estuvieron asistiendo a un improvisado taller de nudos marineros.
Día 4: “Sábado de Gloria”
Aunque el título no hace honor al día de hoy, si nos regimos por el calendario de Pascua, hoy es sábado de Gloria.
La jornada se nos ha presentado algo movidita. Dicen que el Mar Mediterráneo, aunque cerrado, puede llegar a ser más traicionero que el Océano Atlántico e incluso el Pacífico, ya que sus olas son muy continuadas y en cualquier momento pueden sorprenderte con un revés. Y así es como ha estado transcurriendo, con un oleaje continuo que nos mece como una cunita de feria, por lo que nada ha tenido que ver con la de ayer, que se prestó a la calma y la contemplación y pudimos disfrutar del avistamiento de algunos pajarillos mañaneros, tortugas y hasta delfines, compañeros de viaje a lo largo de esta derrota que pudimos contemplar desde éstos, nuestros balcones, volcados al mar.
Son tantas las imágenes que a lo largo del día y la noche estamos reteniendo en nuestras retinas que resulta casi inefable poder explicarlas con palabras. Nunca imaginé que la madre naturaleza me tuviera reservada estas magníficas visiones a estas alturas de mi vida. He tenido la suerte de comenzar con una de las mejores guardias: la de 8 a 12, por lo que podemos contemplar tanto el anochecer como el amanecer de cada día. Mirar el horizonte donde se unen cielo y mar con un sol poniente o una luna llena naciente no tiene parangón. Y más aún cuando te encuentras en el puente de mando y tienes entre tus manos el timón de un barco de estas características: Te sientes el rey del mundo.
Cuando no conoces la vida de la mar, te resulta extraño y hasta difícil al entendimiento, comprender las inquietudes que mueven a estos hombres a estar tan ligados a este medio tan hostil. No obstante, cuando compartes estas vivencias y las vives en primera persona, llegas al convencimiento de que tiene algo que te atrapa. Nunca imaginé que fuera una vida tan dura. Llevo años leyendo acerca de los avatares, desdichas y pericias que estos lobos de mar han protagonizado a lo largo de la historia, pero en nada se acerca a la realidad. Sin embargo, todo el esfuerzo y trabajo duro se mitiga cada día con tantos buenos ratos, bromas y risas compartidas con el resto de la tripulación.
Hoy como novedad, se ha abierto la biblioteca, organizada por nuestro antropólogo, y se han organizado los equipos para los torneos de ping-pon y dardo. Todo el mundo anda revolucionado comprobando cuál será su rival y fundamentalmente, cuál será el premio.
Pero estas interrupciones no restan tiempo para el trabajo. Observar cómo estos chavales aman este barco resulta curioso. Se percibe en ellos el gusto y el placer por el trabajo bien hecho, y el cariño que cada cual pone en sus tareas desde que sale el primer rayo del alba hasta casi el anochecer. Como lo han visto nacer, se comportan como una buena madre mimando cada rincón y contemplando su crecimiento.
Tengo que decir en honor de mis compañeros que en ningún momento me he sentido una extraña a bordo. Aunque los primeros días me encontrara algo “descolocada” por el desconocimiento de las maniobras, las tareas y quehaceres rutinarios, algo que ellos ya tenían perfectamente controlado, todos y cada uno de ellos han hecho que me sintiera como en casa. Cada uno en su estilo y a su manera me ha ayudado a superar algún que otro bajón, a aprender los por qué de cada maniobra y a sentirme un@ más. Por todo ello, gracias.
Sin embargo, algo que realmente me sorprende son las razones que han movido a una gran parte de estos tripulantes a vivir esta experiencia. Por supuesto que todos tenemos sed de aventura y conocer mundo, pero además, y aunque parezca contradictorio, guardan mucha relación con las motivaciones, inquietudes y necesidades de aquellos marinos de los siglos XVI-XVII, que hoy nosotros representamos. Por tanto, ¿qué puede empujar a un hombre del siglo XXI a ir a la mar? En este caso más la voluntad que la necesidad. La voluntad de escapar de la monotonía, la rutina, el estrés, o una comunidad en la que no nos sentimos a gusto. Huimos de la opulencia y el derroche y pretendemos encontrar entre estas paredes a cielo abierto algunas directrices que nos marquen un nuevo rumbo.
Por ello, esperemos que el hecho de poder llegar un día de éstos a ésa que durante mucho tiempo llamaron “la tierra de la eterna juventud o el paraíso terrenal” nos ayude a encontrar el rumbo perdido.

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